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Mi Capricho

EL BOLICHE (Madrid)

Nombre: Restaurante El Boliche Bacán

Dirección: Calle Diego de León, 56  - 28.006 Madrid

Teléfono: +34 914 013 100

Web: www.restauranteboliche.com

Día: 18 de abril de 2010

Motivo: Comilona de amigos.

Número de Personas: 2

Capacidad: 70

Servicio: 5,75 Comida: 6,20 Nota media: 6,02

Precio Total: 66,93 € IVA INC Por Persona: 33,465 €

Comentario:

Bueno, comida de domingo post fiesta (premeditada, con alevosía y nocturnidad) por lo que buscamos un sitio donde dar reposos a nuestros maltrechos estómagos (los cubatas suelen tener efectos adversos no sólo para la cabeza). Fiándome de mi prima “Pizca”, y su conocimiento de lugares donde comer carne en condiciones optamos por este (era un experimento por que nunca había ido a él, pero se le presupone buen gusto, como el valor en la mili).

Lo primero es llegar, hay metro más o menos cerca, pero como no puede ser de otra forma, vamos en coche, que dejamos en el aparcamiento que hay justo enfrente después de dar unas cuantas vueltas… El coste no esta incluido en el precio de la comida, pero es un factor a tener en cuenta en la ex capital imperial.

Entramos, yo colgado de una morenaza de ojos azules, y por una vez que puedo fardar, el garito esta vacío. Había otra mesa, y la verdad es que mucho caso no nos hicieron.

El local esta en dos plantas, una de ellas sótano, donde por cierto están los servicios (limpios ellos, aunque algún desgraciado los ha “decorado” a su incívica manera), todo en plan gaucho, mucha madera, muebles “robustos”, y con una pecera llena de marisco en la entrada. Esto me llamó la atención, por que yo venía a un argentino, y se supone que un va a comer carne, pero bueno, tampoco quedaba mal. La verdad es que si te lees la carta, ves que tienen mariscos a la brasa y tal… pero uno va a lo que va, a comer cachos de cuadrúpedo.

Una cosa que me sorprende es el poco espacio para los comensales en la planta de arriba, un poco estrecho para mi gusto.

El servicio: argentinas de no se… ¿Bielorusia?, apañadas eso si (no eran profesionales de gran nivel pero sabían lo que era un restaurante), y de lo menos atento que he visto en mucho tiempo. No nos vamos sin pagar por que somos gente de bien mi prima y yo.

La comida, empezamos por una ensalada “Galleguiña”, que estaba bien, pero que no era nada del otro mundo, una cantidad correcta para compartir, y de fácil aliño. El único pero importante es que me quitaron el plato antes de terminarlo…

La carne, bien, la verdad es que bien, cantidad correcta, servida al punto según el gusto del comensal, en una bandeja que se mantenía caliente por que debajo había unas brasas. Las patatas fritas ricas (sin ser caseras). Escogimos los dos lomo bajo, que se supone que es lo más jugoso del bicho en cuestión. Otra vez, por cierto, me quitaron la fuente, ¡con un montón de patatas por disfrutar!.

El vino casi fue lo mejor, un Puerta Vieja Reserva, vino de la casa (ahí es nada). Un Rioja de lo más apañado, y a un precio más que asequible. La carta de vinos es correcta, con algún que otro sartenazo, y poca variedad argentina, que tienen buen vino y no lo venden en este tipo de locales de forma incomprensible.

Como cosa a tener en cuenta, para pijos irremediables, tienen carta de aguas (escueta). Nosotros, agua normal de las de toda la vida, en plan Bezolla o alguna parecida.

Postre… no recuerdo, la verdad, creo que café con hielo sin más. Si hubo postre, no fue ninguna maravilla, me acordaría (más o menos).

Conclusión: he probado argentinos mejores, mucho mejores, y peores. Es uno medio, que pasa sin pena ni gloria, por un coste razonable en el centro de Madrid, con buena carne, pero sin excesos y con un servicio más bien deficiente.

 

CAN JOANET (Barcelona)

Nombre: Restaurant Brasería Can Joanet

Dirección: Carrer Tajo nº 6  - 08.031 Barcelona

Teléfono: +34 933 582 544

Web:

Día: 6 de junio de 2010

Motivo: Comilona de amigos.

Número de Personas: 2

Capacidad: 80

Servicio: 6,50, Comida: 5,90, Nota media: 6,20

Precio Total: 82,93 € IVA INC Por Persona: 41,465 €

Comentario:

Bueno, después de mucho tiempo volvemos a las andadas… a castigarnos las tripas al auditar nuevos garitos, o como en este caso redescubrirlos.

Can Joanet, en la zona de Horta en Barna, cerca de una salida de metro por cierto (línea 5), lo cual para darle candela al vino, es de lo más interesante. Es un garito que ya tiene su tiempo (20 años), y que tengo la sensación de que ha cambiado de dueños o algo similar. Esta vez he regresado con uno de los comensales que me acompañaron cuando lo descubrí hace años… el incomparable Litos.

Encontrar el garito no es especialmente fácil, por lo discreto de la fachada (tampoco se esconden, pero es estrecha)… entras en una recepción pequeña, con productos de la huerta y cuadros que le dan un aspecto rústico. De ahí se accede a un pasillo que divide al local en dos salas, una más amplia que la otra y que continua con ese ambiente de masía catalana. Al fondo la cocina, con lo que puedes ver (según donde estés colocado) como cocinan.

El trato, es amable, ni muy pegajoso, ni muy distante. Bien, correcto. Curiosamente nos atendieron en castellano a la primera, cosa no muy común por esas tierras de Dios (siendo este uno de los detalles que me indican un cambio en la dirección del local). Hay que decir que éramos cuatro amigos, con lo que no tenían que herniarse mucho.

Empecemos con la comida, que para eso esta este blog…

Pedimos una ensalada tibia, con queso de cabra para compartir, con reducción de Módena y frutos secos. Una ensalada de verdad, bien surtida en cuanto a variedades de verde, un bloque de queso de cabra majo (con un cacho pan debajo que no se que pinta, si no es para dar sensación de volumen), y que al sazonarlo a gusto te permite disfrutar de ella. La pega, siempre la tiene que haber, es que el plato se queda un poco pequeño si quieres voltearla en él…

Mientras esperábamos a la ensalada le dimos caña a un par de tostas, con su correspondiente ajo, “tomaquet”, aceite y sal…   Las tostas en cuanto a tamaño y braseado bien, el tomate no da para mucho un poco seco, el aceite de arbequina no era y el ajo, sabía a ajo.

De plato principal, después de marearnos un poco nosotros mismos, marear al camarero, marearnos este… optamos por una pata de cordero a la brasa, y unas costillas de lechal.

La pata era a la brasa por que el horno estaba apagado, lo cual en un restaurante no deja de tener su guasa. Quiero suponer que la crisis hace meya y tienen que recortar costes, por que si no es para matarlos. He de decir que el resultado fue bueno, un poco soso, pero jugoso que es lo complicado con ese espesor. La carne la he probado con más sabor la verdad, pero tampoco nos vamos a poner en plan sibarita (bueno, no más de lo normal). La pata estaba acompañada de patatas “al caliu” (a la brasa en el resto del mundo) y unos espárragos trigueros. El acompaño un poco triste, más verdura y menos patata hubiese sido lo suyo, por el volumen de la pata más que nada, para aligerar el plato.

Las costillas tenían buen aspecto, Litos no dejo una, así que por su cara de relativa satisfacción supondremos que estaban buenas, yo probé un cacho que además tenía algo de grasa y eran jugosas. Lo bueno era la cantidad, mayor que la habitual para este plato, lo malo, el acompañamiento… ¡patatas de bolsa y pimientos de lata! Suponemos que la crisis hace meya, como con lo del horno. Esos detalles son los que destrozan el restaurante, sobre todo si se ve el apartado precio de esta critica gastronómica, por ese dinero me espero más, en cuanto a presencia y calidad de ciertos productos.

Como colofón… chocolate, un “browni” y un “coulant”. El primero tenía aspecto de especialmente denso, posiblemente un chupito de licor hubiese ayudado a  bajarlo, el segundo uno prefabricado con el que casi me abraso la lengua.

Para bajar todo esto… Enate  cabernet/merlot. Un vino color cereza de media capa, de nariz sugestiva y compleja de frutos del bosque (grosella, zarzamora) con elegantes matices florales (violeta) y atisbos de pimienta, vainilla y sotobosque. Paladar suave y redondo sobre un mullido colchón tánico, que abre paso a un final de boca sabroso, con notas de torrefacto.

Por cierto, la vinoteca que tenían, especialmente de vinos catalanes, ha desaparecido, otro de los rasgos del cambio… una pena, por que tenían joyas a precios “asequibles”, y te permitía probar vinos de la tierra que fuera no son muy conocidos.

Conclusión: por un entrante, dos tostas, un plato principal, postres, una botella de vino de medio pelo (estaba rica, pero no era un Vega Sicilia) y dos cafés…82,93 € me parece un poco excesivo. La brasa la manejan bien (es su especialidad desde hace 20 años) pero no lo justifica.

 

PUENTE VIEJO (Pielagos)

Nombre: Restaurante Puente Viejo

Dirección: Barrio del Monseñor nº 7  - 39.478 Pielagos (Cantabria)

Teléfono: +34 942 575 402

Web:

Día: 30 de octubre de 2009

Motivo: Comilona de amigos.

Número de Personas: 5

Capacidad: 60

Servicio: 7,15, Comida: 7,50, Nota media: 7,325

Precio Total: 137,82 € IVA INC Por Persona: 45,94 €

Comentario:

 

Segunda vez que el ilustre gastrónomo hace acto de presencia en este garito, esta vez, con la idea (malsana) de destrozarlo con una crítica ácida, pero justa.

Nos plantamos ahí, Nacho, Cani y yo… tres pesos pesados de la gastronomía y el buen comer. Lo primero es conseguir aparcar, que no es evidente, pero dejando los coches en una parcela aledaña apañamos la primera papeleta de la tarde. El sitio, a priori, debe ser bueno, por la cantidad de coches que hay en las inmediaciones, la gente que esta fuera esperando y el bar (y la terraza, que aunque minúscula, es terraza).

Nos decantamos por un rueda, un vermú de solera y un Martini rojo de los de toda la vida. Amablemente nos sirven unas aceitunas (detallito) mientras les indicamos que somos tres y que vamos para comer. Del bar hay que decir que esta limpio, que es el típico de pueblo (eso si, repintado y demás), los baños al fondo a la derecha (tradición) limpios y medio de diseño.

Pasamos al comedor, por cierto, hay que salir a la calle para ir de un sitio al otro… madera (una vigas en el techo que espantan a Dios), mesas razonablemente amplias (aunque un poco justas como tengas que lidiar con un par de chuletones), sillas cómodas, luminoso (excepto unas mesas al fondo, que parecen ganadas a un almacén).

El servicio, bueno, profesional, se nota que llevan años en el negocio, y que saben cuando hacer la pelota, cuando dejarte en paz. Con detalles como cambiar los platos para cada entrante (para no mezclar sabores), como que salga el cocinero (vale, era amiguete)… bien, vamos, que da gusto ver a gente que sabe donde esta y como hacer su trabajo.

Los primeros, en plan pica-pica, almejas en salsa marinera, asadurilla, y ensalada templada con setas y bacalao.

Según Nacho, especialista en el tema, la asadurilla muy rica. Estaba tierna, jugosa, y caliente. Servida en platito de barro (si, platito), una cantidad moderada, pero correcta.

Las almejas estaban calientes, muy calientes, el primer “barco” fue peligroso para el paladar. Muy ricas, en un justo punto de sal, que ayuda a remarcar el sabor del “bicho” en cuestión; servidas también en platito de barro. Las almejas, tengo que decir que no eran el colmo de la espectacularidad, pero como he dicho muy ricas que es lo importante.

La ensalada… realmente era de pasta (espaguetis), con algo de verde (lechuga laminada), algún cacho de seta (escondidos en el fondo) y laminas de bacalao. Estaba rica, el aceite era magnífico por cierto, templadita (que ayuda a dar ese toque) que no caliente, y la cantidad  bien para dos.

Plato contundente, para mi lechazo al horno, para los otros dos chuletón a la piedra.

Me sirvieron un muslo de lechazo, junto con ensalada. La ensalada verde con cebolla, y aliño al gusto, te la ponen en un plato aparte, lo cual esta muy bien, por que te permite maniobrar mejor con el lechazo, y mezclas si te interesa. Estaba muy rico de sabor, quizás, algo seco en un par de puntos, pero tierno y fácil de deshuesar. La cantidad era la buena, no sales rodando, pero si satisfecho.

El chuletón, de medio palmo de ancho (tres cuartos de kilo de carne ya habría sin contar con el hueso), tenía una pinta increíble, jugoso, dorado por fuera, y crudo por dentro, cortado) en lonchas del grosor de un pulgar (perfectamente separadas las piezas. Lo bueno para hacerse a la piedra. Acompañado de patatas y pimientos al horno. Yo sólo digo que solo quedó el hueso (y gracias).

De postre, helado de sobao para dos y Nacho un valenciano… tampoco quedo nada ni en los platos, ni en la copa. Las bolas eran dignas, en plan Regma, pero densas, y con sabor a sobao de verdad. Del valenciano no puedo decir más que el interfecto se relamió (debería de estar bueno, por lo menos en teoría).

Para beber, agua (de Solares, para que Revilluca este contento) y Emilio Moro Crianza del 2006, un Ribera que acompaña bien, y que compite con el Arzuaga, aunque este tiene más cuerpo. Hay que reseñar que tienen una carta de vino más que competente, muchas D.O, variedad en las mismas y sin salirse del tiesto (lo más caro un Vega Sicilia - Valbuena nº 5, por unos 78 €/u)

Conclusión: buen sitio, muy recomendable, para negocios, una buena comida con amigos, eso si, no te tiene que doler soltar la panoja, por que no lo regalan. La relación calidad/precio, me parece buena por que pagas lo que te dan: servicio y calidad.

 

CASA ANTONIO (Santander)

Nombre: Bodega Restaurante Antonio

Dirección: Calle Rubio nº 2  - 39.001 Santander (Cantabria)

Teléfono: +34 942 231 115

Web:

Día: 18 de abril de 2009

Motivo: Cena de amigos.

Número de Personas: 5

Capacidad: 60

Servicio: 6,60, Comida: 7,35, Nota media: 6,975

Precio Total: 99,25 € IVA INC Por Persona: 19,85 €

Comentario:

Este sitio es un autentico clásico de Santander, aunque sea sólo por estar desde hace unos, no se, o más años… cuando yo era niño ya estaba, de toda la vida. Eso si, remozado por el exterior, todo un detalle por que se caía a cachos.

 

Por dentro tiene una peculiaridad y que sólo aprovecha la planta de arriba, que sigue igual que siempre, misma decoración, mismos aires acondicionados, mismos muebles, mismo todo… La planta alta es algo baja (perdón por la contradicción) pero a los que miden más de 1.70 se arriesgan a dejarse la coronilla al pasar por debajo de las vigas. Los baños, están al fondo, a la izquierda, rompiendo la española tradición de la derecha, y son… minimalistas en el mejor de los casos y de acceso un tanto justo por estar al lado de las escaleras que van a la cocina (planta baja). Esto, el local es lo peor, lo que más desanima a consumir.

 

EL servicio, razonablemente atento, sobre todo teniendo en cuenta que tienen que atender a todo el mundo con dos personas, y no es cosa fácil, ya que el tipo de comida es de mucha rotación. Normalmente te colocan en la mensa más pequeña que pueden (estando medio cómodo), esta vez nos pusieron en una mesa de 8… todo un lujo.

 

La comida, nosotros, de forma tradicional, y cuasi religiosa optamos por el menú, que por cierto, esta especificado en un cartel en la puerta de entrada (la que esta junto a la tienda de paraguas, por que la lógica, la central esta cerrada). La razón es sencilla, terminas hasta los ojos de comida por cuatro duros, y puedes probar muchas cosas.

 

El menú se compone de un taco de huevo a la mejicana, un taco al pastor, un taco cochinita pibil, enchilada, carnitas con guacamole, y chiles rellenos, estos últimos acompañados con arroz y frijoles. Cada taco es rico de por si, y la mezcla resulta muy sabrosa. Las carnitas, que deberían ser el plato principal (se supone) son suficientes como para reventar. Y el último plato, como colofón (postre, se podría decir) están los chiles rellenos, que evidentemente se puede repetir (el resto no, curioso)… De lo que se puede repetir también es de la salsa picante, que depende del día pero si cometes excesos, al día siguiente se cumple el axioma de los chiles campana, que pican al entrar y repican al salir.

 

Para bajarlo todo te dan un “beso”, o sea, licor de café con crema… un toque dulce después de las toneladas de picante, bien, bien….

 

Para bajar todo esto, división de opiniones, cerveza rubia (coronita o pacífico) o cerveza negra (negra modelo), según gustos. Opcionalmente se puede pedir sangría o vino. Yo nunca he hecho ni lo uno, ni lo otro, así que no puedo ser justo en una valoración.

 

Conclusión: un mejicano bueno, en el centro de la ciudad, que normalmente esta lleno (y desde hace años) así que por algo será. La relación calidad/precio es estupenda, difícil de superar.

LA CASONA DEL JUDÍO (Monte - Cantabria)

Nombre: Restaurante la Casona del Judío

Dirección: Calle Resconorio nº3  - 39.012 Monte (Cantabria)

Teléfono: +34 942 323 023

Web: www.casonadeljudio.com

Día: 3 de abril de 2009

Motivo: Comida de amigos.

Número de Personas: 2

Capacidad: 100

Servicio: 1,00, Comida: 7,35, Nota media: 4,675

Precio Total: 93,32 € IVA INC Por Persona: 46,66 €

Comentario:

Bueno, como siempre en viernes el bueno de Nacho Cavia y yo nos damos un homenaje, esta vez en la Casona del Judío, que en Santander tiene un cierto nombre.

 

El sitio es una antigua casa unifamiliar, de las de principios/mediados del siglo pasado, reconvertida en restaurante, con sus correspondientes ampliaciones, una de ellas adyacente, y la otra en el jardín, en plan carpa cerrada. El conjunto es bonito, con decoración moderna que complementa bien al estilo antiguo del edificio.

 

La barra del bar, eso si, un tanto “modernista”…

 

Lo serio, critica amable y justa del servicio y la comida. Que se note que en este blog somos gente ponderada y con criterio.

 

El servicio, atento, amable, un poco seco (por lo menos el camarero que nos atendió), razonablemente profesional, pero… con una costumbre muy mala que ya veréis.

 

La comida; empezamos con una ensalada e bacalao con pimientos y aguacate, pensando que sería una ensalada de verdad… ¡pues va a ser que no! Resulta que es una “monodosis de diseño”, que satisfacerla a una sola persona (se le supone) pero no a dos tragaldabas como nosotros. He de decir que estaba muy bien presentada, el detalle de la fresa en el copete estaba muy bien, el sabor delicado y untuoso, la verdad es que rico, rico (Arguiñano TM).

 

Pasamos a una lubina al horno (el servicio nos ofreció varias alternativas de preparación, todo un detalle), que nos presentan en su bandeja de horno. Los comensales hacemos ese glorioso comentario “menos mal que la ensalada era una mariconada, que si no con esto no podemos” por que la verdad es que el pescado era digno, y la guarnición (pese a parecer un poco seca) de patatas panadera no se la saltaba un gitano (que nadie se ofenda).

 

Se llevan la fuente, y nos sirven el planto, me toca cola y a Nacho el resto… de un lomo completo, con su correspondiente guarnición. He de decir que estaba el pescado perfecto, de los mejores que he probado en mucho tiempo, la guarnición rica, pero mejorable (las patatas fueron cortadas con demasiada antelación y pierden). Cuando viene el camarero amablemente a preguntar como nos va, le decimos que bien, que nos preparé el resto que vamos a dar cuenta de él… y nos responde, que en los platos esta todo, toda la lubina entera. Y hombre, muy listos no seremos, pero sabemos diferenciar media lubina de una entera, sobre todo cuando es grande. Creo que nuestra cara de perplejidad en el momento debió ser percibida por el camarero, pero no hizo caso.

 

Podría hacer mofa y sangrado de este incidente, y desde luego es la causa de la baja nota del servicio, por que, que me traten mal, me toca las narices, que me llamen imbécil (por no decir otra cosa), me resulta cuanto menos extremadamente molesto. Si no nos llegan a enseñar la fuente nos hubiésemos ido satisfechos y dando loas y alabanzas del local, peroooo, es lo que hay. Por cierto, nos cobraron 1,2 lubinas… espero una explicación razonable (quizás 1,2 kg de lubina, que no se habían servido en nuestros platos ni por asomo).

 

Postre, un escocés, que tenía aspecto de ser razonablemente bueno y decente, y un pastel de chocolate caliente con corazón líquido. Este pastel estaba rico, y las salsas que lo acompañaban le daban un toque gracioso, sobre todo la de frambuesa.

 

Para bajarlo todo, una caña por cabeza (no se puede comer a estomago vacío) y un Enate blanco – Chardonnay 234 de 2008, espectacular, es ese tipo de vino que invita a pedir botella tras botella hasta la extenueción.

Corolario: buen entorno, con un pescado soberbio, una carta decente tanto para comer como para beber, pero con un servicio deplorable que se cree que el cliente es imbécil. La relación calidad/precio (es caro) es más bien baja, por no decir un robo a mano armada.

EL PORTAL DE PUERTOCHICO (Santander)

Nombre: Bodegón F. Javier Quintanilla

Dirección: Calle Bonifaz nº9  - 39.003 Santander (Cantabria)

Teléfono: +34 942 225 176

Web:

Día: 21 de febrero de 2009

Motivo: Cena de amigos.

Número de Personas: 5

Capacidad: 120

Servicio: 6,05, Comida: 6,45, Nota media: 6,25

Precio Total: 110,25 € IVA INC Por Persona: 22,05 €

Comentario:

Bodegón de los de toda la vida (bueno, realmente unos 14 años, pero la frase es un topicazo que queda muy bien), donde coger mesa no siempre es tarea sencilla por la curiosa costumbre de este pueblo de ir siempre a los mismos sitios.

 

Debo decir que es un sitio "resultón", no es lo mejor, pero cumple con el expediente de forma razonablemente correcta. 

 

Esta cerca de la zona de copas, y rodeado de bares donde tomar cañas/vinos, por lo que al salir no es complicado seguir lo la juerga. El problema es el aparcamiento, sobre todo el gratuito, pero si se lo plantea uno con tiempo, o si se va andando (cosa nada difícil en Santander) solventamos la papeleta.

 

El local: amplio, pero a la vez lleno de cosas y gente por todas partes. En la entrada nos encontramos la barra a la izquierda, con una baldas donde podemos ver expuesto un amplio surtido de cosas comestibles (chorizo, jamón, ventresca, “cojonudos”…) y bebibles (vinos, orujos…) que se sirve sin ningún reparo moral, a cambio de una módica cantidad de dinero. La barra es de madera en su totalidad, rodeada de barriles, lo que le da un cierto aspecto cálido y confortable donde empezar el periplo gastronómico. El resto es el comedor, abarrotado de mesas, gente y camareros que corren de un lado para otro. Los baños, como no, al fondo a la derecha, limpios y correctos.

 

El servicio: en barra, correcto y amable, ya que mientras van cortando embutido para las mesas  se las apañan para darnos una botella de verdejo con sus correspondientes 5 copas. Luego, cosa del caos absoluto que hay en el local, la cantidad ingente de mesas y múltiples opciones para pedir, los camareros nos olvidan momentáneamente. Un poco de Graciela y arreglado.

 

Comida: todo a base de raciones, aunque se puede ir a por platos contundentes tipo chuletón, una de chorizo picante, una de rabas (un pelo aceitosas), croquetas de calamar (ricas y distintas a las habituales), jijas con patatas (decentes), champiñones rellenos (de carne y queso con una salsa de cebolla), tabla de quesos (posiblemente lo mejor), montañas de pan de pueblo, y postres (tartas de queso, helados, y mus). Para bajar todo eso nos decantamos por otras dos botellas de verdejo.

Conclusión: sitio correcto, sales cenado y la comida esta razonablemente rica, eso si, la relación calidad-precio no es la mejor (que te cobren el pan, y que unos champiñones salgan por 10 €… tiene narices) y tienes que estar un poco pendiente del servicio por que como andan liados igual no se acuerdan de ti.     

 

CASA LUCAS (Correpoco - Cantabria)

Nombre: Casa Lucas

Dirección: Ctra  - 39.514 Correpoco (Cantabria)

Teléfono: +34 942 706 092

Web: www.casalucas.com

Día: 18 de Enero de 2009

Motivo: Comida de amigos.

Número de Personas: 5

Capacidad: 120

Servicio: 7,75, Comida: 8,35, Nota media: 8,05

Precio Total: 148,85 € IVA INC Por Persona: 29,77 €

Comentario:

Domingo, día del Señor, día de recogimiento espiritual, día de recuperar las calorías perdidas durante lo que va de este frío invierno.

 

Así que vamos a Correpoco, nombre curioso para un pueblo, posiblemente por que después de las comilonas lo único que no puedas hacer es precisamente eso correr.

 

Local de los de toda la vida (fundado en 1957), Casa Lucas, en la carretera CA-817, fácil de encontrar, a la izquierda según subes, el problema, mayúsculo es aparcar, sobre todo si te toca un turno tardío de comida. Por cierto, en este punto de la crítica indico que es recomendable reservar.

 

El local tiene una terraza bien maja que da a la carretera, y este domingo que hacia resolillo estaba de lo más agradable… exceptuando para uno de los comensales que no disfruto de su mistela por que una abeja tuvo el detalle de emborracharse en la misma.

 

La entrada da a un bar rustico, típico de pueblo, con la barra como elemento central. Una cabeza de jabalí, con sus cuatro pezuñas sirven como elemento decorativo donde dejar la chupa en caso de necesidad. A la izquierda, una “tienda” donde venden pan, pasteles y similares, al frente los baños, limpios y correctos.

 

Hay tres comedores, todos con chimenea, lo que le da una cierta gracia y encanto. Nos toca en el del final, el de fumadores, montado en vez de en plan rustico en plan bodorrio, pero bien, esta cuidado.

 

El servicio es muy bueno, exceptuando el detalle de que no siempre controlan el tiempo, quizás por que son pocos para tanta gente. Eso si, amables, majetes y con cierto arte a la hora de servir.

 

Primero, tres de cocido montañés, una de entremeses, un caldo de carne. La cantidad de cocido no fue nada del otro mundo, pero estaba rico, un poco corto de verdura, un poco picante, pero con enjundia. Los entremeses tenían pinta de estar buenos, de hecho los espárragos eran de los “cojonudos”, la sopa según la comensal rica, con suficientes fideos.

 

Segundo, una de truchas con beicon, una de chuletillas de cordero, un entrecot, y dos de estofado de jabalí. Todos los platos contundentes, empecemos por las tres truchas, el único problema es que el beicon estaba en formato trozo en vez de loncha que hubiese sido lo ideal, la guarnición ensalada. Nuestro médico particular estaba un poco flojo, se dejo una de ellas en el plato. El entrecot digno de un ser adulto maduro de buen estómago, hecho (suficientemente hecho), según la especificación de la señorita que lo finiquito. Las chuletillas eran de cordero con guarnición de patatas y pimiento (lo único que quedó en el plato junto a los huesos sin roer) hechas como Dios manda. Los estofados, magníficos en cuanto a cantidad, textura y sabor, por lo menos a mi me lo pareció, muy tierno, jugoso y sabroso, las patatas fritas bañadas en la salsa.

Tercero, postre, nos dejamos llevar por el consejo del camarero, un surtido… con helado de higos, helado de yogurt, flan de café, tarta de queso, tarta de limón, tarta de pan, y torrija con orujo. La tarta de limón, la de queso y la de pan sublimes…

 

Cuarto, cafés, entre ellos el irlandés de Nacho, que comentó que los había probado sensiblemente mejores (¡tenía cuatro granos de café!), y una menta para las dos señoritas. No sabemos si las tazas eran demasiado grandes, o si había poca menta.

 

Antes de que se me olvidé, como preámbulo, paté de lechazo… curioso.

 

Conclusión: lugar muy recomendable, sobre todo si no te toca el último turno, eso si, no nos echaron, esperaron amablemente hasta que terminamos (tardamos dos horas en bajar todo eso). Comida de la de siempre en zona de montaña, calidad, cantidad decente para un adulto maduro, precio razonable… lo dicho recomendable y para llevar a los turistas y "destrozarlos" en una buena mesa.

MODENA (Santander)

Nombre: Restaurante Modena

Dirección: C/ Escudero Benot nº 6 - 39.003 Santander

Teléfono: +34 942 313 371

Web:

Día: 10 de Enero de 2009

Motivo: Cena de amigos. 

Número de Personas: 5

Capacidad: 46

Servicio: 5,90, Comida: 4,00, Nota media: 5,45

Precio Total: 133,80 € IVA INC Por Persona: 26,76 €

Comentario:

Y quedamos cinco amigos para cenar, después del correspondiente vinito (esperando a uno que se estaba poniendo los rizos en su sitio).

 

Cometimos el error de ir a un italiano, bueno, pseudo italiano, que estaba cerca, e incluso cometimos el error de reservar… dios nos perdone.

 

Empezamos, el local esta razonablemente bien decorado, tonos cálidos, madera, se percibe cierto gasto en la estética del garito, bien una cosa positiva. El sitio tiene dos plantas, una de sótano, las mesas están bien distribuidas, aprovechan bien el espacio, los baños ni idea de donde están la verdad (mimetizados en el entorno) por lo que no se como son.

 

Lo serio, la comida y el servicio. De esto último podemos decir que razonablemente correcto pero anodino, ni pesado, ni atento, ni cuidadoso, ni desaliñado, simplemente anodino. Eso si, estaban atentos a cuando quitar los platos, que no es poco en los tiempos que corren.

 

La comida, aquí empieza el desastre y la hecatombe… empezamos con cosas para compartir, una ensalada gratinada, tostas de queso de cabra y un Carpaccio de carne. Las tostas estaban conseguidas, la ensalada, bueno, con un aliño raro que no le pega, y el Carpaccio con sabor a limón, es decir, que la carne estaba pasada (muy pasada) y quieren disimular el sabor… ¡catástrofe!

 

Las pizzas, dos de queso, una boloñesa, una de modena, y una de espinacas. Las de queso, densas, demasiado queso azul; la boloñesa correctita, pero corta de carne; la de espinacas termino regada en aceite picante (podríamos decir que insípida per se); la de modena, irrelevante no me acuerdo que llevaba y eso que el comensal estaba enfrente mío… pero si dejo algo en el plato malo, normalmente es el carro escoba que se termina todo. En todos los casos la masa es pobre.

 

El vino, un blanco, Analivia 2004, un D.O de Rueda, un 100% verdejo, riquísimo. De hecho lo mejor de la cena.

 

Nos cobraron el pan, el agua (de litro y medio)… optamos por no tomar postre, y seguir con las copas en otros tugurios.

 

Conclusión: el peor italiano en que he comido durante años, sólo puedo decir eso. AH! Otra cosa, el precio de digno de restaurantes sensiblemente mejores, sobre todo teniendo en cuenta que es un italiano, y normalmente son de precio ajustado.